Los pilares de la Tierra

Este libro se aparta un poco del estilo de los que tenía que leer esta Navidad sobre arquitectura pero, puesto que la línea argumental es la construcción de una iglesia en la Edad Media, creo oportuno hacer un comentario sobre éste para ir calentando motores.

Los Pilares de la Tierra trata de la vida de un prior y la de dos generaciones de constructores dedicadas al levantamiento de una iglesia. La situación se ubica en la pequeña aldea de Kingsbridge, en la Inglaterra medieval del siglo XII.

Los Pilares de la Tierra

No es una novela histórica si la entendemos como una crónica de sucesos. Ken Follet introduce los personajes en un contexto histórico real enlazando y haciéndoles participes en los acontecimientos de la época.

Como en la mayoría de libros de éxito encontramos la fórmula mágica: un héroe humilde y paciente, una aventura desesperada pero justa y un amor difícil pero auténtico. El gran acierto y lo que hace especial a esta novela es que relata 50 años de las vidas de los personajes alrededor de la construcción de la iglesia por lo que el papel de héroe pasa de Tom a Jack (padre e hijo constructores), a la esposa de este último, Aliena, o al prior Phillip, el promotor de la iglesia. Todo depende del momento en el que nos encontremos embarcados y la misión vital cada uno de ellos. El necesario antihéroe en esta historia está encarnado por el obispo de Shiring, Waleran Bigod, y el desaprensivo y siempre malvado William Hamleigh quienes conspiraron durante toda su vida para imponerse su voluntad sobre los habitantes de Kingsbridge.

Todos los personajes quedan presentados durante las primeras hojas del libro. Sus vidas se van sucediendo conforme avanzan los capítulos y sus historias se van entrelazando sorprendentemente a partir de la segunda mitad del libro. Al principio, el libro se hace un poco pesado. El autor intenta ubicarnos en un periodo oscuro de la historia e intenta que nos familiaricemos con costumbres, lugares, contextos y formas de actuar de una época más dura y menos civilizada. Los primeros capítulos presentan a Tom Builder, un maestro constructor que pierde su trabajo y se ve forzado a vagar por diferentes pueblos y ciudades buscando algún edificio en el que poder trabajar. La acción se hace lenta por el interés del autor en describir las miserias y las dificultades de un hombre honrado para ganarse la vida. Tras muchos problemas, sacrificios y desdichas consigue llegar al priorato de Phillip quien le encarga la reconstrucción de la iglesia de Kingsbridge. Sus ambiciones y sueños se ven recurrentemente frenadas por las dificultades económicas y la inestimable ayuda de Hamleigh y Waleran.

En este momento nos encontramos en la mitad del libro y es en este instante cuando los acontecimientos y los años empiezan a sucederse en el relato de manera mucho más rápida y dinámica. La acción cambia y parece abrirse mucho más a la expresividad. Parece como si el libro mimetizara el cambio del románico al gótico en su estilo narrativo al igual que Jack lo hace con la catedral al descubrir el nuevo arte en Saint-Denis.

El libro presenta una concepción temporal bastante curiosa desde mi punto de vista. La primera mitad del libro representa un periodo de tiempo real mucho más corto que la segunda. Todo forma parte de esa inmersión en la época medieval que pretende el autor y el familiarizarse con el amplio elenco de personajes que van apareciendo y las relaciones entre ellos.

Es interesante cómo el libro, con un hilo conductor muy claro y definido, presenta muchas situaciones puntuales alrededor de la iglesia conformando la trama de la historia: los problemas económicos del priorato, la guerra civil en Inglaterra, los favores del rey a la nobleza, las disputas por la cantera, los domingos de mercado, los problemas del gremio de constructores, las disputas entre hermanos, la quema de la lana de Aliena, las vejaciones de William, la muerte de Tom…

La personalidad de los personajes está perfectamente definida. Todos ellos muy humanos con evidentes virtudes y defectos. La maldad está encarnada por el obispo Waleran y William Hamleigh. El primero posee una maldad retorcida y calculada mientras que el segundo no es más que un lujurioso animal sediento de sangre. Éste es, personalmente, el personaje que más he odiado.

Ken Follet describe minuciosamente los actos vejatorios, violaciones y asesinatos de William con mucho detalle. En ocasiones demasiado. Es un personaje que aparece para hacer daño cuando los protagonistas parecen volver a reponerse de su última acometida. Es un personaje necesario y representado a las mil maravillas precisamente de ahí la repulsa que genera.

Ken Follet

Si tuviera que decir alguna cosa que no me ha gustado del libro, siendo muy picajoso, sería que, durante la segunda parte del libro, hay momentos y situaciones relativamente inconexas si las comparamos con las de la primera mitad del libro. El viaje por España y el reencuentro con Aliena me parece que está resuelto con demasiada premura. Para mí, es el momento álgido del libro y el autor lo resuelve en no más de 10 o 15 hojas.

Otro detalle que me resulto decepcionante fue el poco detalle con el que se describe el sufrimiento del odiado William Hamleigh. Ken Follet describe al detalle las violaciones, los asesinatos y los actos pendencieros que comenten William y sus hombres pero, a la hora de describir su muerte, que parece ser la venganza divina que esperan protagonistas y lectores, todo parece acabar demasiado rápido.

Se trata de un libro magnífico. Consigue identificar al lector con los personajes hasta el punto de odiar a unos y sonreír a otros. Es fácil simpatizar con Tom, admirar a Jack y Aliena, respetar al prior Phillip y temer lo que vendrá escrito en las líneas que hablan de William.

No creo que esté a la altura de El Conde de Montecristo (mi libro fetiche) pero se encuentra pocos peldaños por debajo de este. Posiblemente el que se trate de un escritor anglosajón tenga algo que ver con ello. Entiendo perfectamente el porqué del éxito de Ken Follet y que su novela se haya convertido en un best-seller.

3 comentarios en “Los pilares de la Tierra”

  1. Me he leído este libro, por lo que veo, prácticamente a la vez que tú. Lo acabé hace poco y aunque me daba miedo un libro tan largo me dio tanta pena que se acabara. Es un libro que tendría que ser infinito…

    Estoy de acuerdo contigo en que la primera parte quizás se hace un poco más lenta pero la verdad es que me gusta mucho igualmente. Se me hizo más pesado La Comunidad del Anillo. Tal vez sí que hay cosas resueltas demasiado rápido pero no creo que desentonen. Conforme avanza el libro va teniendo más ritmo y las cosas pasan más deprisa, por así decirlo.

    En cuanto a William Hamleigh, le odiaba, le odié durante todo el libro y cada vez que aparecía me ponía hasta nervioso viendo que es lo que iba a hacer junto a Waleran, otro personaje odioso.

    En fin, un libro que me ha encantado, que recomiendo encarecidamente. La única falta que le pongo es que cuando empieza a hablar de como construir la catedral, para una persona inculta en estos temas como yo, te acabas perdiendo en palabras técnicas y en unos esbozos que se supone que deberías visualizar con claridad pero que, al menos yo, no soy capaz de entender.

  2. 250 primeras páginas para pasar una tarde de lectura en vacaciones.
    De la 250 a la 500 (aprox.), se deja leer pero ya se convirtió en un culebrón sin ningún interés literario.
    De la 500 a la 600 (aprox.) es artificioso y repetitivo.
    De ahí en adelante comencé a calcular cuantos árboles fueron talados para editar tantos volúmenes en todo el mundo. Y aún siguen cortando… ¡que lástima!

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