Casa Collage

Este libro presenta la idiosincrasia de la casa desde un punto de vista poco habitual y bastante necesario y revelador: el del usuario. Todos somos usuarios de casa y, a pesar de ello, nadie nos ha explicado como usarla. Nunca me había planteado el que pudiera existir un manual de uso para algo que no consideraba que tuviera una función diferente a la de alojar personas y permitir y facilitar su vida en ella. En Casa Collage se descubren muchas ideas y voluntades para la casa del futuro y el habitante del futuro.

Antes de entrar más en detalle es de ley decir que hay una sombra que se alarga sobre cada una de las hojas de este libro: Le Corbusier. Este omnipresente personaje es el incitador de muchos de los pensamientos que en el libro se desarrollan muchos años después de ser concebidos por el universal arquitecto suizo. Debo corregir o al menos mi opinión sobre él: consideraba que era un rebelde sin causa y en realidad era un visionario. Me retracto de lo dicho con anterioridad.

Casa Collage

Muchas son las innovaciones presentadas. Como se comenta al principio del libro la intención no es la de crear una guía de pasos necesarios para la construcción de una casa moderna. Y cuando hablo de modernidad de la casa pretendo referenciarla a lo que Le Corbusier llamaba herramienta y en el libro tildan de máquina de vivir. Aglutinar todos los conceptos expuestos en un mismo edificio conformarían un engendro difícil de catalogar eso sí, lleno de buenas intenciones y un espíritu rompedor.

El libro se hace muy ameno porque aborda la complejidad y mejora de la casa actual a través de la visión del usuario y lo necesario para que su casa se adapte mejor a cada individuo. Todos y cada uno de los apartados están absolutamente ejemplificados con modelos o proyectos reales de arquitectos que pretendieron ir un paso más allá, montados en el carro de la innovación.

Durante la lectura del libro he ido anotando algunas ideas que me han parecido más interesantes para poder reflexionar un poco sobre ellas. Del mismo modo que hice en los primeros párrafos, quería incidir sobre una frase que parece salir de boca de Le Corbusier: …las casas deberían hacernos reflexionar sobre el tamaño de quienes las usan. Esta cuestión ha sido detectada por los fabricantes de automóviles, quienes han introducido, primero por cuestiones de seguridad y, más tarde, por puro confort, asientos para niños en los coches, demostrando una vez más que aun nos llevan ventaja…

Un concepto que me ha sorprendido gratamente es el enfoque del planteamiento de la casa que sugieren los autores: un juguete. Un juguete para aprender a jugar y para divertirse jugando. Algo natural y divertido. Para jugar hace falta espacio y una de sus propuestas es precisamente la de liberar lo máximo posible las estancias de mobiliario y decoración inútil. Así mismo, contemplan la idoneidad de convertir la casa en algo heterogéneo, habitaciones con entrada y salida por diferentes puertas, múltiples caminos y recorridos y centros de reunión ya bien una gran sala o una cocina destinada a algo más que el simple hecho de preparar comida: la habitación sin nombre.

Más adelante los autores citan un genial e irónico texto de Slawomir Mrozek llamado La Revolución. Un hombre vive en una supuesta habitación con un armario al fondo, una mesa en el centro y una cama. Se cansa de esa distribución y varía la posición de los elementos. El cambio le llena mientras es novedad pero acaba hastiado una y otra vez pasado poco tiempo desde el cambio. Entonces, viendo que sus innovaciones no son suficientes, decide ser revolucionario e ir a dormir al armario. El cambio era bueno pero el dolor menguaba su satisfacción. Cuando el cansancio y el aburrimiento de vivir en el armario pudieron con él, salió y se pasó tres días seguidos durmiendo. Al final, recompone la habitación como al principio y proclama que cuando se aburre de la disposición intenta recordar cuando era revolucionario. ¡Sensacional!

Por último, volveré a hablar de lo presente que está Le Corbusier en toda la obra cuando, al igual que hizo el suizo mucho antes que ellos, exige que la casa tome ejemplo o al menos se posicione receptiva y predispuesta a evolucionar como lo hace la industria automovilística o aeronáutica. Los ingenios y logros obrados en estos campos no tienen parangón en la arquitectura y es necesario investigar y experimentar para conseguir una casa más adecuada de cara a un inquilino a quien hay que educar e implicarle en el conocimiento, el uso, el mantenimiento y la apreciación del nuevo concepto de hogar.

Para concluir, me gustaría decir que el libro consigue ser una declaración de intenciones, quizás no originales, de cómo debe pensarse y proyectarse la casa del siglo XXI. Los ejemplos son adecuados pero, personalmente, no he conseguido apreciar más que buenas voluntades sin haber logrado un éxito real a la hora de innovar en la práctica. Me explico: esas innovaciones que ya pregonaba Le Corbusier durante la primera mitad del siglo XX siguen sin ponerse en práctica ni tampoco evolucionar en este libro. ¿Cuál es el problema entonces? Los mayores genios de la arquitectura reclaman un cambio de actitud que no llega o lo hace en cuenta gotas y el discurso sigue igual desde hace 50 años. Estoy muy familiarizado con un concepto tecnológico que me parece aplicable: la tecnología supera en mucho a la demanda real. Los servicios de tercera generación de telefonía móvil no se acaban de implantar porque la gente ni lo necesita ni lo usaría. No puedo dejar de cuestionarme si no es la misma situación pero en una disciplina que consideraba muy diferente. Quizás esté muy equivocado pero lo que sí puedo asegurar es que mi madre se siente plenamente feliz al ver lo bien que quedan los muebles nuevos en el comedor. Yo, por mi parte, no acabo de verme viviendo en un casa como la que se describe en este libro. Lo someteré a discusión en la próxima reunión de vecinos pero ya se que me dirán y el por qué: hay que educar al usuario.

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