El Sol del Membrillo

Sobre la película…

El primer error que se puede cometer al empezar a visionar El Sol del Membrillo es caer en la tentación de pretender encontrar una película tradicional. El largometraje de Víctor Erice es más bien un documental rodado con una perspectiva cinematográfica. En este se nos presenta una pequeña biografía durante tres meses del pintor Antonio López, tiempo en el que se intenta dibujar un membrillero que él mismo planto en su propio jardín.

El Sol del Membrillo

La película es sencilla y sin pretensiones. Está voluntariamente grabada con austeridad y simpleza. Lo más sofisticado que podemos encontrar es un giro de cámara y unas transiciones con difuminos. Es sencilla porque se narra una historia sencilla en la que no tiene cabida la tecnología ni la parafernalia sino es para contrastarla con la tranquilidad y el sosiego de la relación entre el pintor y el árbol.

Se trata de una película de 1992, muy correcta y premiada y reconocida en un par de concursos como bien se nos recuerda al principio de la misa. Hay que entender que se trata de actores amateurs que nunca se han enfrentado a la cámara y hay que ser benévolos con sus actuaciones. Hay un plano bochornoso en el que Antonio contempla un cuadro que Miguel Ángel tardó años en dibujar en el que podemos ver en la parte baja de la pantalla al técnico de sonido agachado con el micrófono.

El Sol del Membrillo

Sencilla, plana pero valiente y sincera. Es una de esas películas con personalidad de las cuales poco o nada malo se puede decir. Porque el director mejor o peor lo ha dado todo y con un evidente cariño e implicación por contar una historia, mejor o peor, pero que él considera que merece ser contada.

Es seguro que todos los planos y escenas tienen una misión y que el director pretendía incluir un sentido implícito en la historia que solo aparece tras la reflexión. Esto se me da rotundamente mal puesto que, dándole vueltas, los caminos por los que dirigir esa posible pretensión oculta se bifurca en mil direcciones. Puedo aventurar que las imágenes de Madrid de noche, con Torre España al fondo son una manera de plantear dos realidades simultáneas y contrapuestas: la sencillez y tranquilidad del patio de Antonio López y el constante y ordenado caos que rige en la gran ciudad. Antonio tienen en su paleta todos los colores para pararse y dibujar algo tan trivial como un membrillero y hacerlo importante. La ciudad no entiende de pausas y lo devora todo dejando a su paso un escenario binario de luces y sombras.

Hay otras escenas a las que no se otorgarles mayor relevancia. El pasaje con los obreros rusos por ejemplo. Sería muy atrevido decir que sobran pero no entiendo qué aporta. Además entiendo que es una película excesivamente larga. Hoy en día los directores caen con frecuencia en la vulgaridad de alargar sus películas dos horas, dos horas y media sin ningún problema. En los ochenta se marcó la pauta o la norma no pactada de que, cuando un director hacía una película larga, era porque consideraba que era una obra maestra, su opera prima, algo que necesitaba hacer y que había hecho bien, recortando lo mínimo en le etapa de montaje. En el 1992 esta pauta aun estaba vigente y solo se le puede perdonar a Erice por su valentía y cariño al filmar este documental.

El Sol del Membrillo

Para acabar me gustaría recalcar las dos escenas que más me han gustado de la película. En realidad son tres pero una de ellas esta repetida: la de la visita de la pintora japonesa con su fantástico traductor y la de Antonio con su amigo y compañero en la escuela de bellas artes. La primera me pareció realmente entrañable con la aparición de dos elementos tan exóticos en pantalla. En este caso me pareció genial que no se comiera ni un segundo de la puesta en escena de la entrevista. La otra escena que me pareció muy acertada por todo. En el primer corte estaban mucho más forzados pro tratarse del principio de la película aunque algunos comentarios son brutalmente demoledores como: “…para que voy a intentar explicar algo que los dos entendemos…”, intentando dejar claro que todos los que estaban allí entendían aquella. Ya casi al final de la película, vuelve a aparecer abrigado y con su boina sosteniendo una caña para apartar las hojas del árbol. Siguen hablando de cuando eran jóvenes y se ponen a cantar. A mi gusto, sin duda, lo mejor de la película.

Sobre el dibujo…

La primera reacción fue la de sorpresa. Siempre había pensado en un pintor como en un artista: un iluminado con mucha sensibilidad. Una persona capacitada para captar momentos, sensaciones y matices y plasmarlo definiendo así lo que es el arte. Reflexionando siempre me ha llegado esa idea pensando en los maestros del Renacimiento, humanistas todos ellos, expertos en mil y una disciplinas. Supongo que ese perfil de súper hombre es lo que me ha impulsado a pensar en ellos como seres dotados de mayor capacidad y una natural predisposición al arte.

El Sol del Membrillo

La sorpresa empieza cuando Antonio López empieza a plantar el caballete, y a fijar el plano del cuadro, la línea del horizonte y deja caer la plomada. Las primeras líneas las traza a partir de un compás para medir distancias y se ayuda de una regla calibrada para comprobar los primeros pasos. Evidente entonces la ausencia de inspiración y la absoluta vigencia de la técnica.

También me sorprendió la cantidad de tiempo invertida en el cuadro. El pintor se excusaba diciendo que quería captar la poca luz del mediodía que hacía que el membrillero se viera magnífico. Dos meses y medio con las pinturas para acabar dejándolo y dos meses más con el dibujo a lápiz. Se me antoja mucho tiempo con una escala de valores y de tiempo de un estudiante para además dejarlo inacabado.

El Sol del Membrillo

Pero creo, que es precisamente aquí, donde reside la grandeza y el mensaje global de la película: Antonio López hace grande a un membrillo. Incluso hay una película con su nombre en el que es protagonista. Algo tan sencillo que nos encontramos a diario cobra una importancia total durante esos tres meses para el pintor. La voluntad de captar el momento y transmitir una realidad con trazos de carbón intencionados para dotar a la escena de una plusvalía y cederla a la historia y a la posteridad.

Es agradable el pararse y descansar. Descansar dibujando. En el caso de Antonio López, descansar trabajando. Dedicarse tres meses a conocer y a extraer lo mejor y lo peor de algo tan nimio y sencillo como un árbol y, a la vez, intentar exprimirlo hasta el punto de poder dejarlo retratado toda una eternidad y que todo el mundo pueda verlo y entenderlo del mismo modo que lo hizo el pintor tiempo atrás, s eme antoja algo grande. Al alcance de pocos. Y es que, en uno de esos derroteros por los cuales se puede orientar el significado de la película, es evidente que vamos demasiado deprisa. Las ciudades se comen y devoran a las personas escondiéndolas entre el tumulto del anonimato. Se pierden las maneras y los buenos modos y lo importante deja de serlo para poder ceder poco a poco a fantasmas como el consumismo que te atrapa y no te suelta.

El Sol del Membrillo

Muy posiblemente, nunca por propia voluntad habría visto esta película. Me alegro de haber sido invitado a estar obligado a verla. He podido pararme y descansar viendo como dibujaban. Dejando de lado el acierto o no del director, los actores y el montaje final, solo se pueden extraer buenas sensaciones y enseñanzas de algo hecho con tanto cariño y con una personalidad tan rotunda, ni buena ni mala, contundente: tremendamente humana.

5 comentarios en “El Sol del Membrillo”

  1. I'm not sure its stupidity that would lead to a conviction. I think its a problem as old as man. Sanctimony, perfect moral certainty that the judges are right and all things that must be sacrificed to convict Wilders are worth it as he is such a threat to the official position and official culture of The Netherlands as they define it.

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