Dogville, la doble moral

Hoy me he quedado solico y me he buscado una buena película para verla con tranquilidad. Hacía muchísimo que me había venido recomendada por diversas personas pero no había encontrado el momento de ponerme con esta joya de Lars Von Trier.

Sería muy presuntuoso por mi parte pretender diseccionar completamente lo que el director quería transmitir con su película pero sí puedo presentar las reflexiones y sensaciones que me ha provocado a mí la película. Es una película que difícilmente te deja indiferente. Es muy distinta a todo lo visto por la puesta en escena y por el ritmo narrativo quizás más cerca del teatro y usando sólo recursos más propios del cine para no perder dinamismo. A mí modo de ver una innovación arriesgada pero muy acertada.

La primera reflexión, la más superficial pero no por ello menos importante es que aun es posible hacer muy buen cine con poco presupuesto. Hasta el día de hoy mi referente en este sentido era Memento de Christopher Nolan. Este gran director que ahora se ve reconocido por grandes producciones como Batman u Origen hizo su primera película con cuatro duros (6 millones de las antiguas pesetas si no me falla la memoria), mucha inteligencia y un magnífico trabajo de montaje.

En este caso Lars Von Trier nos presenta un escenario sobre el cual transcurre la acción no mayor que una pista de baloncesto cuyos límites espaciales quedan emborronados por un lienzo negro representando la lejanía con respecto al resto del mundo de Dogville, el pequeño pueblo donde pasa la acción. No sólo eso sino que además el escenario cuenta con muy pocos elementos físicos y tanto las calles como las casas quedan delimitados por trazos de tiza blanca sobre un suelo de pizarra. Son muy curiosos al principio los efectos sonoros que acompañan a los gestos de los actores abriendo y cerrando las puertas. Como dije más cerca del teatro que del cine pero no por ello menos inmersivo que si se hubiera utilizado otro tipo de localización y apostaría a que muchísimo más económico.

La segunda reflexión es bastante más profunda y tiene que ver más con el fondo de la historia que con la presentación de la misma.

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Dogville es la ciudad a la que llega Grace (Nicole Kidman) sumida en un estado de amnesia o alejamiento voluntario del pasado acompañada en su entrada por los ladridos de un perro. Nadie sabe qué hace allí pero los pocos habitantes del pueblo deciden instintivamente darle cobijo en su huida de unos misteriosos hombres de negro.

Una vez cometido ese acto de altruismo o el error de ayudar a una persona perseguida sin conocer sus motivos deciden someterla a una prueba de dos semanas para descubrir si es una persona de confianza a través de la convivencia. Para ello le proponen además que ayude al resto de habitantes en sus tareas diarias para acercarse más a ellos y al cabo de esos 15 días todos votarán para que se quede o para que se marche.

Obviamente Grace se hace querer a pesar de no saber hacer prácticamente ningún trabajo manual ofreciéndose a hacer lo que nadie más estaba haciendo por falta de tiempo o interés. Todos están encantados con la recién llegada así como ésta con su nuevo hogar y permiten que pase a formar parte de su comunidad.

Con el paso de los días y puntualmente Grace consigue romper ciertos tabús con la sana intención de mejorar la convivencia de la comunidad. Lo que al principio parece algo rompedor y que reportará el rechazo del grupo acaba siendo un acto de frescura y renovación que todos acaban agradeciendo y elevando aun más la figura de la misteriosa desconocida.

Pero algo sucede en un momento cuando la policía de la ciudad más próxima llega a colgar el típico cartel de se busca con la cara de la protagonista. El pueblo sigue queriendo que se quede pero necesita ver retribuida su confianza de algún modo. La propuesta pasa porque trabaje más horas y cobrando menos en lo que antes era una ayuda adicional y altruista para ganar la confianza de la gente. La duda generada desde el exterior había menoscabado la confianza en Grace pero no les molestaba lo suficiente mientras pudieran sacar cierto beneficio y sus conciencias no sufrieran en exceso por ello.

Llega el momento en el que una nueva barrera se traspasa. De nuevo la policía llega preguntando por la desaparecida y el jardinero del pueblo decide cobrarse su silencio en carne coaccionándola con delatarla. Rota esta barrera la situación y la reputación de Grace empieza a degradarse paulatinamente. Sin ella cambiar, sin variar un ápice su forma de ser ni su actitud, lo que antes eran caricias ahora se convierten en duros azotes.

Siendo su situación desesperada concierta su fuga con el transportista del pueblo quien accede a ayudarla pero que, a medio camino, también decide cobrarse su esfuerzo aprovechando la situación. Cuando Grace piensa que ha llegado a su destino y ya es libre en realidad ha vuelto al punto de origen ya que la noche antes se había reunido el pueblo y estaba en pre aviso de su posible fuga habiendo acordado que harían lo posible por no dejarla escapar. No satisfechos con esto deciden ponerle una cadena al cuello atada a una rueda de molino para evitar que escape.

A pesar de todo Grace sigue confiando en la única persona que siempre ha estado de su lado y ha intentado ayudarla en todo momento. Éste se ha enfrentado a todo el pueblo en la reunión y estaba dispuesto a renunciar a todo por Grace, actitud que también esperaba poder cobrarse de Grace. Cuando éste iluminado se da cuenta de que no es mejor que ninguno de los demás habitantes del pueblo decide llamar a los hombre que inicialmente la perseguían al inicio de la película.

Cuando se presentan en Dogville descubrimos que Grace es en realidad la hija de un capo de la mafia del cual ha huido por no compartir su actitud frente al mundo y por no estar de acuerdo en su forma de actuar. Escarmentada y tras una breve reflexión Grace pasa de ser una persona compasiva a un ángel ejecutor pidiendo la exterminación de todo el pueblo tras unas reflexiones muy profundas que tras los spoilers comentaré.

Al final de la película en Dogville mueren todos los perros excepto el animal. A pesar de que éste ladra a Grace cuando sostiene una pistola en la mano decide no ejecutarle puesto que sus ladridos hacia ella son debidos a que una vez le quito un hueso de su plato.

[spoilers off]

Es muy paulatino pero la degradación que sufre el trato de los habitantes de Dogville hacia Grace es muy sintomático de muchas situaciones del día a día. Estamos dentro de un sistema llamado sociedad en el que hay leones y gacelas conviviendo juntos y cuando se definieron las reglas del juego se dijo que no podía haber mordiscos. Con más de 6000 millones de individuos e infinidad de decisiones diarias basadas en el libre albedrío es fácil convenir que la percepción de éstas reglas del juego son muy variables y sus límites se encuentran muy difuminados.

Lo que llamamos moral no es un algo perfectamente definido al que uno se puede adscribir o permanecer al margen. Es un algo que todos definimos y damos forma y que diariamente vamos actualizando. Es difícil de definir pero está claro cuando algo en el estómago nos dice esto está bien o esto está mal, el problema es que no todos los estómagos dicen lo mismo ante las mismas situaciones.

Grace no ha dado un palo al agua en su vida y ha vivido desde siempre en una pequeña burbuja. Cuando llega a Dogville se siente agradecida por la acogida y ofrece toda su inocencia y candidez con una gran sonrisa a todos los habitantes. De primeras el sentimiento es recíproco pero cuando se planta la duda y surge la oportunidad todo el mundo espera sacar tajada por mantener la boca cerrada. Es una doble moral enmascarada y protegida por el colectivo ya que en conjunto a todos les va bien. Si tu no dices nada yo no digo nada y los dos miramos para otro lado.

Es muy revelador el momento en el que padre e hija, ya al final de la película, hablan de la arrogancia. Y en este caso y particularmente para mí más, porque me siento bastante reflejado con la actitud de Grace aunque, obviamente, en unas circunstancias mucho más cotidianas. Su padre le dice que no le gusta que le llame arrogante cuando ella es la que más arrogante es. Cómo es eso padre? Por perdonar a las personas? Grace ha disculpado, entendido y perdonado todas las malas acciones que han tenido con ella. Ha empatizado con cada una de ellas y poniéndose en su situación ha comprendido que no eran culpables de actuar mal sino que son víctimas del destino. Su padre arremete contra eso y le espeta que no hay mayor arrogancia que permitir el mal, el no saldar las deudas con la justicia universal. Una frase muy buena que me ha quedado bastante fijada es: “a los perros se les puede enseñar muchas cosas pero no se les puede permitir todo cuando actúan mal”. Es decir que sí hay que ser comprensivo y clemente pero no siempre y no a cualquier precio. Por qué alguien tiene que claudicar por muy complicadas que sean las situaciones de los demás? Unos tienen que entender y otros aprovecharse? Este es el motivo por el que acaba entendiendo que no había ninguna razón justificable para que la hubieran maltratado pero sobretodo para que ella hubiera permitido todo lo que le hicieron pretendiendo comprender la dureza de sus vidas. Por eso finalmente pide que acaben con todos y cada uno de ellos puesto que nada bueno puede salir de ahí. Sólo había una afrenta perdonable: la del perro. Y es que su ladrido de enfado y desaprobación estaba justificado: le había quitado un hueso de su plato el día que llegó. Los demás no tenían excusa.

Con 6000 millones de variables quizás sí que sería necesario hacer una limpieza pero quien se atreve a marcar los límites y fijar lo bueno de lo malo? Ética, moral? Cada uno tiene la suya, es posible universalizarla y, posteriormente, hacer viable que todo el mundo lo acepte como bueno? Más tolerantes o más borregos? Política, gestión de la polis, hemos avanzado mucho socialmente desde la antigua Grecia? Venga que me voy por las ramas… Acertado o no a mí la película me ha hecho pensar y me ha gustado mucho, mucho, mucho. Es un poco especial pero muy acertada. La recomiendo encarecidamente.

2 comentarios en “Dogville, la doble moral”

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