NST: Netcentric Snow Troopers

Este domingo no hubo post por dos motivos:

  • Los chicos de Luz de Flash nos entregaron las fotos y videos de la boda
  • Llegué muerto de un fin de semana largo en la nieve

¿Adivinas sobre qué escribiré en este post?

Mi primer acercamiento al snowboard de forma más o menos exitosa tuvo lugar el fin de semana pasado. El viaje estuvo patrocinado por Netcentric, la empresa en la que trabajo, de origen suizo-alemán y en la que tienen muy interiorizado el tema del esquí como actividad social. Y nosotros, como no podemos ir a los Alpes, nos hemos propuesto realizar la misma actividad pero mucho más cerca: en Andorra (GrandValira).

El plan era sencillo: tres apartamentos, tres días, echarle un par y darle caña al snowboard.

El jueves hicimos acopio de provisiones y cargamos el coche. Parecían muchas pero al final no fueron tantas. De memoria y seguro que me dejo algo:

  • 2 bolsas muy grandes de patatas
  • Un fuet por cabeza (x4)
  • 3 bolsas de pan de molde integral
  • 4 paquetes de jamón serrano
  • 2 paquetes de queso
  • 1 caja de 6 botellas de agua
  • 1 caja de 6 botellas de leche (con dos cojones)
  • 1 paquete de chocapic
  • 12 zumos de manzana y 6 de naranja
  • 1 tetrabrick de zumo de manzana
  • 12 plátanos y 4 naranjas
  • 12 cervezas (jueves) + 24 (viernes, teníamos invitados) + 12 (sábado)

Vamos, lo necesario para sobrevivir.

Llegamos el jueves por la noche al apartamento que no era 5 estrellas pero era cálido, acogedor y no le faltaba de nada: una habitación con dos camas para los primos y otra para el hombre de Bristol y Caracas.

Esa noche llegamos bastante cansados por el día de trabajo y el palizón de coche. Vimos un rato del partido de Copa del Rey y yo decidí echarme a dormir mientras los demás valientes iban a comprobar las reservas de los otros apartamentos. Yo sabía que había que guardar las naves en el puerto e irlas quemando poco a poco. Un fin de semana de snow exige un 100% de capacidades físicas y así me zurré 10 horas de sueño.

A las 9 de pie a dejar los DNIs a recepción, consultar cuatro tonterías y a alquilar los equipos. Algunos ya los traían de casa pero otros solo teníamos la ropa. Sobre las 11:30 salíamos equipados tras muchísimo tiempo perdido invertido en ataviarnos adecuadamente: 22€ el snow + 4€ del casco + 30€ del forfait por día (ligero descuento por haberlo cogido a través de los apartamentos).

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Subimos por el teleférico gigante los 11 que vamos a esquiar: 3 chicas y 8 chicos, 5 esquiadores y 6 snowboarders con distintos niveles de habilidad y experiencia. Justo llegamos arriba y nos encontramos con que nuestro profesor, un compañero de la empresa, nos dice que la única opción de salir de allí es a través de una pista roja con una bajada con una pendiente que no era ni medio normal. Tres pinceladas de teoría y para abajo, haciendo zig zag de espalda por que era imposible hacer nada más.

Tardamos unas dos horas en llegar al final de la pista hechos mierda de las caídas y con el agujero del culo cerrado del miedo que habíamos pasado. Sin ganas de nada más que comer y volver al hotel.

Después de meterle un par de bocadillos al cuerpo y ver las cosas de forma más relajada alguien comenta que, justo detrás de donde nos había dejado el teleférico, hay una pista de iniciación verde por lo que valoramos darle una oportunidad den lugar de irnos para casa.

Tras unas dos horas de recuperación de confianza regresamos cargados de ilusión y confianza para el día siguiente. Hemos sido capaces de bajar por la pista con una pendiente más que razonable y subirla amarrados del tirador de la entrepierna que remonta hasta la salida. No es que sea complicado pero es que está ideado para los esquís y subir de frente no de lado y con las piernas retorcidas que es la postura del snowboarder.

Por la tarde, cervezas, Copa del Rey, cena conjunta y a las 23h en cama.

Al día siguiente subimos pletóricos a recuperar los equipos que nos habían guardado apartados en la tienda de alquiler. Con esto ganamos una hora más de nieve aunque todo indica que las condiciones van a ser más complicadas que el día anterior. Hay viento y la nieve va cayendo.

Al llegar a la pista verde nos la encontramos plagada de debutantes, rusos torpes y muchos otros mega pros, niños vacilones que no levantan un palmo y bajan como rayos y un puñado de monitores y monitoras de esquí ganándose un buen dinero a costa de los ricachones del este.

Empezamos a sortear a todo el mundo para recuperar sensaciones y poco a poco vamos percibiendo la mejora. Nos atrevemos pasada una hora a bajar al siguiente tramo de la verde que más que verde es azul sencilla aunque muy predecible. Un poco más desafiante y complicada pero una manera sencilla de probarse y progresar. El reto ya no era aguantarse en equilibrio y remontar la pista sino intentar empezar a asumir la velocidad y practicar los giros en ambas direcciones.

Todo es confuso cuando aumenta la velocidad pero poco a poco voy consiguiendo ciertos progresos. El cambio de chip se produce cuando en lugar de intentar ejecutar la teoría que sólo habla de la posición de la tabla y los pies permites que sea todo el cuerpo el que instintivamente mande sobre el rumbo de la tabla. El video al principio del artículo es el inesperado resultado de una buena bajada. Aunque parezca lento (y lo es) la sensación bajando es que en cualquier momento la tabla se va a descontrolar y perderás el control. Por eso, aunque la velocidad sea baja, probar a hacer los giros lentamente es de lo mejor bajo mi punto de vista para asentar la memoria muscular de cómo girar. A más velocidad más fácil es el giro por eso cuando la pierdes pasa lo que pasa en el video…

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Como reto final nos decidimos a probar una azul con cierto arrojo y con muchas reservas. El arranque es complicado, demasiada pendiente. Bajo en zig zag porque no tengo confianza de coger velocidad ni sentir la fuerte aceleración y pienso que quizás debí haberme quedado en la verde. Más adelante cuando la cosa se aplana no tengo inercia suficiente para acabar el tramo y tengo que ponerme a remar con un pie fuera echando de menos los palos que te dan con los esquís. Pasado ese tramo, la pendiente aumenta pero ya tengo confianza para probar cositas y cuando se allana y se abre la pista soy capaz de enlazar casi un minutos de giros y control. Minuto que justifica por sí mismo el haber empezado con el snow y aguantado el primer día de penurias.

Llegamos al final de la pista y tomamos el telesilla hacia… El origen de dos pistas rojas… Así que decidimos ir andando hasta el teleférico de vuelta a casa a través de varias pistas tomando finalmente el remonte de la verde de nuevo. Todo un viaje. A esas horas el tiempo ya era terrible, tormenta de nieve y visibilidad baja. Bajamos, devolvemos el equipo, llegamos a casa, ducha, pizzas, cervezas y copa del rey. Somos unos privilegiados.

Al día siguiente, medio metro de nieve, aprender a poner las cadenas al coche, retirar la nieve, cargar el maletero y vuelta a casa después de 2 horas de cola para salir de Andorra, un apretón de pis muy inoportuno y la terrible llamada de Vodafone sobre un límite de roaming de datos descontrolado. Por suerte no fue a mayores.

Moraleja: no te fíes de nadie que dice que será tu profesor y baja pistas negras desde ls 18 años, todo le parece más fácil de lo que es. Aparte de eso, el snow mola que te cagas. Es estiloso, cool, es mucho más fácil caminar con las botas no rígidas y el riesgo de lesión parece menor al llevar las dos piernas ancladas a la tabla. Supongo que el riesgo de lesión disminuye en determinadas zonas pero aumenta en otras y a esas velocidades una buena hostia en sí misma ya es todo un premio. Aun y así, dudo que vuelva a los esquís, mi yo de nieve se ha enamorado del snowboard y en parte ha sido gracias a compartir torpeza y porrazos con los NST, una raza superior de ingenieros IT.

 

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