Mi obsesión con la técnica de carrera

Desde que empecé a correr de forma seria he sido (como en casi todo) un obsesivo compulsivo de la técnica. He acortado salidas, he bajado el ritmo, he parado en seco, he analizado vídeos, he leído textos y todo con la única intención de no dar ni un sólo paso en falso. Y esta expresión es doblemente correcta porque entiendo que es mucho más fácil llegar a un buen nivel de carrera y sufrir un mínimo de lesiones y dolor si a cada paso vamos mejorando la técnica.

Los no iniciados ven en correr poner un pie delante de otro. Eso es cierto pero hay muchas variables en cómo ponemos un pie primero y todo lo que pasa hasta que ponemos el otro.

Me he decidido a redactar esta entrada a raíz de esta foto que me hicieron ayer en la Cursa de Bombers de Barcelona (10k – 54:40). Fijaos en que la primera parte del pie que toma tierra es el talón. Hasta hace 6 meses esta situación no me habría preocupado lo más mínimo pero desde que empecé a leer (bendita ignorancia) he llegado hasta dos corrientes teóricas bastante parecidas (que luego explico) y que basan su filosofía en recuperar el correr tradicional, es decir, zapatillas fueras y con ellas los 5 centímetros de plástico bajo el talón.

Desde hace 40 años los fabricantes de zapatillas se han obsesionado en traernos cada vez sistemas de soporte y amortiguación más sofisticados y sin embargo cada año entre el 65 y 80% de los corredores sufren algún tipo de lesión. Os imagináis a una batida de caza neandertal posponiendo la salida por un problema en el soleo de uno de sus componentes? No es que noto como un pinchazo…

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